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Mi vida poliamorosa: quienes practican el
poliamor nos lo explican (y no tiene nada que ver con líos de una noche)
26 Abril 2017

El poliamor se define como la situación sentimental
en la que que se tiene «una relación íntima, amorosa, sexual y duradera de
manera simultánea con varias personas, con el pleno consentimiento y
conocimiento de todos los amores involucrados». Dentro de una definición tan
amplia, entran muy diferentes variables de relaciones, lo que crea algo de
confusión en quien es ajeno a este modo de vida. Esto, unido al tabú que aún
supone hablar de poliamor, hace que nos cueste comprenderlo. Por ello, hemos
hablado con tres personas que lo practican (o lo han practicado), para que nos
aclaren toda la curiosidad que nos genera.
¿Poliamor o
polisexo?
«Poliamor» es un neologismo compuesto por los componentes «poli»
(muchos) y «amor». Amor. No sexo. O no solo sexo.
Hablamos con Julio (nombre simulado, 38 años), para que nos explique cómo
entiende él la diferencia entre ambos conceptos: «Siempre he sido una persona
muy abierta en cuanto al sexo. Desde mi época universitaria, he mantenido
relaciones sexuales con hombres y con mujeres indistintamente. Pero el poliamor
llegó más tarde, cuando ni siquiera sabía que existía o que podía existir como
tal, y fue algo completamente diferente. Fue amor. Con dos personas, sí. Pero
no tenía nada que ver con hacer un trío. Era muchísimo más».
Olivia (nombre simulado, 28 años) no se considera practicante del
poliamor, aunque una de sus experiencias parezca contradecir sus palabras: «No
es que reniegue del poliamor, pero, en general, no me gustan las etiquetas. Yo
viví una relación de pareja con mis dos compañeras de piso
entre los 22 y los 24 años, aproximadamente, a pesar de que ninguna de las
tres somos lesbianas y solo una ha tenido antes o después de aquello relaciones
con otras mujeres. Quizá esa es, para mí, la mejor prueba de que no es algo que
tenga que ver solo con el sexo».
Coincide con ellos Luis (32 años), que vivió una relación de
casi cuatro años con su mejor amiga y con otro hombre: «Ella y yo éramos
amigos desde niños y siempre había habido algo entre nosotros, aunque nunca
habíamos sido una pareja tradicional. Nos habíamos acostado entre nosotros y
también con otra gente, en experiencias muy abiertas. Siempre fue amor entre
nosotros y sexo con los demás, hasta que conocimos a alguien que lo cambió
todo. Ella se enamoró de él, pero no dejó de estarlo de mí, y yo me enamoré en
cierta manera también de él. La mejor demostración de que no fue solo sexo
quizá sea que entre él y yo nunca hubo una interacción sexual directa».
Vale, lo hemos
entendido, pero... ¿cómo se gestiona el día a día?
Aclarada la diferencia entre poliamor y simple promiscuidad, queremos
saber más. Cómo surge una relación poliamorosa, cómo se sabe que las otras
personas quieren lo mismo que nosotros, cómo se gestiona el compromiso,
la fidelidad, el día a día y la opinión del resto del entorno. Dejamos
que hablen quienes lo han vivido:
·
¿Cómo surgió tu relación poliamorosa?
Julio: «Yo me enamoré de mis dos mejores amigos, un chico y una chica, pareja
entre ellos. Habíamos sido inseparables desde el instituto y, cuando teníamos
27-28 años, por una serie de circunstancias, me quedé sin piso durante unos
meses y ellos me ofrecieron mudarme temporalmente al suyo. Una noche, entre
copas, nos propusimos hacer un trío, algo puramente sexual. Ese traslado temporal se
convirtió en cuatro años en los que lo compartimos todo. Y esa idea inicial de
'solo sexo', en la relación más seria y en la que más implicado he estado en
toda mi vida».
Olivia: «Cuando acabé la carrera, me trasladé a Madrid, a un piso compartido
con dos chicas. Enseguida nos hicimos muy muy amigas. Fueron años un poco
locos, con muchas salidas nocturnas, experimentación y ganas de probar cosas
nuevas. Un par de veces acabamos en la cama y era solo sexo. Dejó de serlo
cuando una de mis compañeras empezó a salir con un chico y las otras dos nos
sentimos celosas. Lo hablamos, porque estábamos muy perdidas con esos nuevos
sentimientos, y ella misma reconoció que también se sentía rara trayéndolo al
piso donde vivíamos. No tardaron en dejarlo, y no tardamos nosotras en tener
una relación entre las tres, en la que yo no encuentro demasiadas diferencias
con las relaciones heterosexuales y exclusivas que tuve después».
Luis: «Como decía antes, mi mejor amiga y yo siempre nos habíamos querido,
pero teníamos sexo con otras personas, juntos o por separado. Cuando ella se
enamoró de uno de esos compañeros de cama, creí que yo quedaría fuera, pero,
una noche, fuimos capaces de confesarnos que a todos nos apetecía estar juntos.
Duró algo más de un año y, cuando se acabó, quedé tan destrozado que me di
cuenta de que solo podía haber sido amor».
·
¿Cómo se gestiona el compromiso y la fidelidad en
una relación poliamorosa?
Julio: «Poliamor no significa acostarse con cualquiera o que no existan el
compromiso o la fidelidad. Nosotros consideramos desde el primer momento que la
clave era hablarlo todo, establecer nuestras normas. En nuestro caso, siempre
estuvo claro que ellos dos eran pareja y seguirían siéndolo si lo
nuestro se acababa. Ellos no se acostaban con nadie más que entre
ellos o conmigo, pero yo sí, aunque, con el paso del tiempo, me fui haciendo
más monógamo, si es que esa palabra tiene cabida en este caso».
Olivia: «En nuestro caso, el propio hecho de que la relación empezara porque
sentíamos celos si alguna de las tres tenía relaciones con otras personas marcó
las normas de la fidelidad. Durante los dos años que duró nuestra relación, que
yo sepa, ninguna salió ni tuvo sexo con otras personas».
Luis: «Nosotros sí éramos una pareja en el sentido más
tradicional del compromiso y la fidelidad. Ni nos planteábamos estar con otras
personas porque nos llenaba lo que teníamos. No buscábamos sexo, ni muchísimo
menos amor, más allá de lo nuestro».
·
¿Cómo es el día a día de una relación así?
Julio: «Mucho más normal de lo que cualquiera pueda pensar. Vivíamos juntos,
trabajábamos, viajábamos... Si salíamos a cenar, éramos tres, en vez de dos. Al
irnos a trabajar, les dábamos un beso a dos personas, en vez de a una. Y las
tareas domésticas se repartían entre tres, en vez de entre dos. Sé que suena
raro desde fuera, pero, para nosotros, como llevábamos toda la vida siendo
amigos, era algo completamente natural. Siempre habíamos pasado muchísimo
tiempo juntos».
Olivia: «Nosotras fuimos compañeras de piso antes que amigas, y amigas antes
que amantes, así que eso facilitó mucho las cosas. Como curiosidad, sí hicimos
algunas modificaciones en la casa. Dejamos de tener un cuarto cada una y
convertimos uno en el dormitorio, con una cama XXL que siempre compartíamos,
otro en el vestidor y otro en un despacho».
Luis: «Los comienzos fueron complicados. Ninguno de los tres convivíamos y
decidir hacerlo fue un paso adelante al que nos costó un poco adaptarnos.
Ninguno nos hemos criado viendo a dos hombres y una mujer compartir cama, mesa
y vida, así que nos costó hacernos a la idea, pero después fue fluyendo hasta
que nos convertimos en tres personas implicadísimas en una relación, de la
misma manera que puedo estarlo yo ahora con mi pareja normal».
·
¿Y el entorno? ¿La familia? ¿Se les cuenta algo
así?
Julio: «Nosotros nunca contamos a nuestras familias lo que teníamos, pero
tampoco lo desmentimos. Yo me mudé a vivir con una pareja estable durante unas
semanas, hasta que solucionara un problema con mi casa, y me quedé cuatro años.
Supongo que hubo quien sospechó y quien no se lo podría ni plantear. En cuanto
a los amigos, supimos siempre a quién podíamos contárselo y a quién no. Los de
mente más abierta nunca nos juzgaron y los que sabíamos que no lo aceptarían,
simplemente, nunca lo supieron».
Olivia: «Al vivir juntas ya desde antes, nadie sospechó nunca nada y, por mi
parte, yo no lo he contado nunca a mi familia. Solo lo saben algunos amigos muy
cercanos, y dudo que nadie más lo sospeche. Supongo que es más fácil siendo
chicas. La gente tiende a ser más comprensiva con que tengamos gestos de
cariño, con que durmamos juntas o compartamos muchas cosas que en el caso de
las amistades masculinas quizá se miraría con suspicacia».
Luis: «Nosotros vivíamos en Londres, así que nuestras familias estaban
lejos. De hecho, siempre habíamos compartido piso con varias personas, así que
nadie se planteó que entonces lo hiciéramos por otros motivos. De todos modos,
nunca nos escondíamos. Yo le daba un beso a ella en la calle igual que se lo
daba a él. O ella se despedía de nosotros en el metro dándonos un beso a cada
uno. Vivir en una ciudad que no era la de ninguno de los tres facilitó que los
tabús nos dieran igual. No creo que la sociedad, en general, esté preparada
para esto todavía al cien por cien».
La ideología por
encima de los sentimientos
Quienes reniegan del poliamor y no lo consideran
una opción factible acusan en ocasiones a sus defensores de poner la ideología
por encima de los sentimientos. Es decir, de creer en el poliamor como
forma de relación emocional, poniendo esa creencia por encima de los
sentimientos que luego surgen. Julio no está de acuerdo en absoluto: «Es en
muchas relaciones monógamas donde se pone la ideología por encima de los
sentimientos. Se reprimen las ganas de estar con otras personas por fidelidad a
la pareja. No digo que esté mal. Simplemente, no entiendo que se nos acuse a
quienes sí hemos vivido un poliamor pleno de reprimir lo que sentíamos. Yo
jamás tuve celos de ellos, ni él de verme con ella, ni ella de verme con él, ni
nada».
Una cuestión que nos llama la atención al conversar con ellos es el
hecho de que, en los tres casos, la relación poliamorosa acabó. ¿Significa
esto que las relaciones de este tipo están abocadas al fracaso? En
esto, los tres tienen opiniones muy diferentes. Nos hablan de cómo acabó esa
relación, cómo se sintieron y qué relación ven entre el fin de su amor y la
peculiaridad de sus relaciones.
Julio: «En nuestro caso, se acabó por circunstancias externas. A él le surgió
una oportunidad laboral impresionante en Estados Unidos. Ella decidió seguirlo;
yo no. Ninguno creíamos en las relaciones a distancia, así que, aunque nos
dolió, supimos que lo mejor era romper. No creo que tuviera nada que ver con
que fuéramos tres. Yo tengo un negocio en España y mi vida asentada aquí. Ahora
tengo una pareja, y tampoco me iría con ella si se trasladara al otro lado del
mundo ni le pediría que se quedara conmigo renunciando a sus aspiraciones. Los
visité un par de veces en Estados Unidos y, cuando volvieron a España, eran
padres y teníamos vidas muy diferentes. Siguen siendo mis mejores amigos y los
tres recordamos aquella época con nostalgia y con mucho buen rollo».
Olivia: «Yo sí tuve la sensación siempre de que era una relación sin futuro.
No necesariamente abocada al fracaso, sino, simplemente, a
extinguirse. Y fue justo eso lo que ocurrió. Una perdió interés, yo fui detrás
y solo una de ellas se aferró a lo que teníamos. Yo empecé a salir pronto con
un chico y retomé mis relaciones normales. Hoy en día me hablo con
una de ellas, pero de la otra hace años que no sé nada».
«Las relaciones se
acaban. Las poliamorosas y las tradicionales. Creo que vivimos lo mismo que
cualquier persona que se enamora».
Luis: «No sé si el poliamor está destinado al fracaso, pero el mío acabó
mal. Me pasó lo que supongo que más teme una persona en una relación a tres
bandas: ser el que sobra en la ecuación. Cuando llevábamos juntos algo más de
un año, me dijeron que ya no querían seguir con aquello, que querían estar
ellos dos juntos, en exclusiva. Fue la ruptura más dolorosa de mi vida. En una
separación normal, sigues queriendo a una persona que deja de
quererte. En esta, todo fue doble. Yo seguía queriendo a dos personas, y eran
dos personas quienes no me querían. Me alejé de ellos, así que perdí también a
mi mejor amiga. Hoy en día, con él no tengo ninguna relación, y con ella nos
felicitamos los cumpleaños, las navidades y poco más. Ellos siguen juntos».
Julio hace un
último alegato a favor del poliamor: «Las relaciones se acaban. Las
poliamorosas y las tradicionales. Yo he tenido muchas relaciones en mi vida, se
han acabado y nadie ha pensado que fuera por la naturaleza en sí de la
relación. Creo que vivimos lo mismo que cualquier persona que se enamora.
Simplemente, el poliamor es más inusual, o menos conocido, aunque ahora se
empieza a hablar más de ello, no sé si por una cuestión de moda, de demostrar
que somos muy abiertos, o porque siempre se ha hecho y ahora solo se habla más
de ello».
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